EL VIAJE HACIA LA CHIQUITANÍA
En 1691 los jesuitas fundan el primer pueblo misional de las Reducciones jesuíticas de Chiquitos: San Javier, al nordeste del departamento de Santa Cruz. Le siguieron San Rafael, San Miguel, San José, San Juan Bautista, y en 1708, Concepción. Pasarían aproximadamente 20 años más hasta la fundación de otros pueblos misionales en la Chiquitanía.
Las Reducciones de Chiquitos territorialmente pertenecían al Virreinato del Perú, por consiguiente, a la Provincia jesuítica del Perú. Sin embargo, debido a las enormes distancias y a falta de misioneros, el Padre General de la Compañía de Jesús, Tirso González, en 1696 aprobó que la misión en Chiquitos estuviera atendida por jesuitas de la Provincia Jesuítica del Paraguay hasta que Perú enviara misioneros para substituirlos. La Provincia peruana no pudo enviar misioneros, y así, en 1706, las Reducciones de Chiquitos pasaron formar definitivamente parte de las Reducciones del Paraguay.
La vida religiosa en las Reducciones transcurría entre celebraciones eucarísticas, escenificaciones de la vida de Cristo y grandes procesiones, entre otras. Todo ello acompañado de un despliegue musical integrado por instrumentos indígenas y los introducidos por los misioneros.
En los pueblos misionales la organización no sólo se limitaba a tareas doctrinales, sino que abarcaba la vida económica y política fundada en la sólida preparación de los jesuitas que iban allí. Hombres de Dios que poseían grandes conocimientos prácticos en arquitectura, medicina, ingeniería, artesanía, crianza de ganado vacuno, entre otras disciplinas.
La defensa de los derechos de los indígenas, las constantes denuncias de la cacería de esclavos, entre otros factores, hicieron que los jesuitas se convirtieran en agentes molestos a los intereses portugueses y cruceños.